Desde el FARO
La controversial salida del ex fiscal Marcelo Soza al Brasil ha desencadenado dos tipos de discursos, uno que insiste en que el juicio se mantiene por no haberse afectado la esencia de la acusación por terrorismo, separatismo e intento de magnicidio de la oligarquía oriental, y otro que sostiene que, a estas alturas, todo el proceso está viciado de origen al haberse detectado la manipulación de pruebas o una suerte de inducción al delito, orquestada a conveniencia del Gobierno.
Toda esta historia vivida de abuso e injusticia para muchos detenidos y otros que escaparon de los laberintos judicializados de la política nacional, no deja de provocar la necesidad de hacer pública esta nota hace tiempo masticada. El hecho permite identificar el tipo de manejo gubernamental de este bullado caso de terrorismo y de otros brotes armados que en el pasado también arremetieron contra nuestra democracia naciente. Las comparaciones, así como odiosas, ponen en evidencia la persistencia de las cualidades histriónicas, escénicas y discursivas del gobierno del MAS y de su sequito de jacobinos criollos, frente a la gris, burocrática y también violenta y cuestionada reacción de gobiernos anteriores ante similares amenazas.
Revisada la historia constatamos que prácticamente todos los gobiernos democráticos experimentaron algún sobresalto provocado por grupos armados (EGTK, CNPZ, MRTKL, Zárate Willca) que se embarcaron con pasión en fallidas aventuras revolucionarias a fin de agitar las siempre turbulentas aguas de la política boliviana. El MAS no habría de ser la excepción, lo excepcional ha sido su reacción. Con el tiempo, los mismos mentores de estos grupos anti sistémicos constatarían el destino fallido del terrorismo delincuencial, ya que en Bolivia lo que sí funciona son los movimientos sociales insurgentes o insurreccionales. Fue el momento de acercarse a jugar con las reglas de la democracia.
No recuerdo que la aventura guerrillera del MRTA, CNPZ o del EGTK, en la que tomó parte nuestro Vicepresidente, haya tenido una respuesta gubernamental comparable a la del caso Rózsa y sus derivaciones. La arremetida articulada de organismos de seguridad e inteligencia del Estado, la manipulación judicial acompañada por una sostenida y bien guionizada estrategia comunicacional, le puso levadura a la historia, haciendo de ésta, un Reality Show destinado a sentar bases de un escarmiento generalizado en el bloque opositor de oriente, cuya dirigencia se vio desbordada por los excesos de sus sectores radicales e inducidos por infiltrados del masismo.
Respecto al caso del terrorismo separatista, el núcleo cruceño que había caído en tentación “autodefensiva”, además de inexperto, estaba asustado por los fantasmas de Terebinto. El MAS lo sabía, y aprovechó la circunstancia para dar rienda suelta a una paranoia confabulatoria y hacer gala de un ritual jacobino que sembró, innecesaria y desproporcionadamente, el sufrimiento y el miedo en muchas familias bolivianas.
Con la legitimidad y los votos a su favor, no tenía necesidad de hacerlo. Sin embargo, ahora está atrapado en las redes de su novela y de sus propios excesos. Y es que resulta que en Europa, los familiares de los asesinados en el Hotel de las Américas esperan con paciencia el que se esclarezca la verdad de los hechos y anotan la fuga de Soza como un autogol gubernamental a favor de su causa. Esa amenaza externa es real, tanto que impide que de una vez por todas se baje el telón de este Reality Show plagado de injusticias.
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