A diferencia de otras celebraciones cristianas como la Navidad, que se conmemora regularmente en la noche del 24 al 25 de diciembre, la fecha de Semana Santa cambia anualmente y es normal mirar el calendario para tener certeza sobre los días en que caerá.
En esto tiene mucho que ver la astronomía y para encontrar la relación hay que volver hasta el año 325 d.C., cuando se celebró el primer Concilio ecuménico en Nicea (actualmente Turquía). Se estableció que esta fecha iba a estar marcada por la Luna, más exactamente por la Luna llena o plenilunio. El Domingo de Resurrección sería entonces el domingo siguiente a la primera luna llena posterior al equinoccio de primavera boreal, es decir la primera Luna llena primaveral en el hemisferio norte.
Pero la conexión de la Semana Santa no es solo con la astronomía, también con la matemática. Se conoce como ‘computus’ el cálculo de la fecha de la Pascua. Gracias a la precisión de las matemáticas y de los movimientos celestes podemos ponerles fechas exactas a las siguientes semanas santas.