Es increíble cómo la saña partidista, las divergencias ideológicas, las controversias por pensar diferente, los antagonismos personales y las diferencias en el pensar y sentir sobre la Patria y su futuro, crean situaciones controvertidas y hacen que, quienes poseen poder político, social y económico, creen condiciones y formas para causar daño y hacer que quienes se considera contrarios sean condenados y sufran los rigores de encarcelamientos.
El caso del hotel Las Américas de hace tantos años es muestra de cuánto puede el odio y la saña, cuánto mal puede hacer la inquina de quienes solo sienten odio y aunque no hayan culpas muchos son condenados a sufrir lo que ni los culpables de crímenes horrendos padecen. Y este es el caso de varios ciudadanos cuyas madres padecen sufrimientos y penas porque, por más gestiones que realizan, no logran la liberación de sus seres queridos y menos que se les prueben los delitos de los que se les acusa y por los que también purgan cárcel y persecución muchos acusados de alzamiento en armas y dividir a Bolivia; acusaciones que han servido para el crimen cometido contra tres hospedados del hotel hasta la instauración del llamado juicio del siglo, pero sin la presentación de pruebas de culpabilidad que justifiquen todo lo hecho.
Las madres que lloran por los sufrimientos de sus familiares son acompañadas por el dolor que sienten por quienes padecen persecución y hasta exilio, sin esperanzas de que el juicio concluya conforme a las leyes; un caso que ha obligado a algunos de los acusados a confesarse culpables sin serlo, con tal de conseguir libertad, con estilo de las formas inicuas que utilizaba el stalinismo en la URSS para liberarse de quienes creía enemigos y contarios al sistema comunista.
Estos casos han sido manejados en su momento por un fiscal que ha sido mañosamente hábil para crear condiciones que traten de “justificar” los extremos, pero luego, fugado del país, mostró arrepentimiento de todo lo mal que hizo y prácticamente desmintió todas las acusaciones hechas contra quienes son inocentes de toda culpa. Esos cargos urdidos por el fiscal fugado no pudieron ser confirmados por quienes lo reemplazaron en la fiscalía y el tiempo muestra cómo se ha urdido todo con miras a conseguir que el tiempo “cree culpables por cansancio”, pero hasta entonces pasarán muchos años y una vez más se habrán impuesto las injusticias esgrimidas con el pretexto de “sentar la mano” a quienes se cree que fungen como contrarios al régimen imperante.
Es tiempo, dados los años transcurridos, para que todos los inculpados injustamente sean liberados o, de lo contrario, sean presentadas las pruebas contundentes y terminantes que muestren efectivamente culpabilidad de todo lo imputado. En todo caso, el gobierno -si todo fue fraguado por la fiscalía- no debería seguir con la carga de una culpa que hoy se le endosa porque no hay forma ni medios para probar razones que no existen, pero que sumen en el más atroz sufrimiento a familiares y a la misma sociedad.
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