Cuando un amigo y colega periodista muere, de los que quedamos aún en el ejercicio de escribir y que compartimos con él momentos dignos del periodismo nacional, el alma se nos estruja y pensamos cuáles son las razones para no haber compartido más momentos con él. Esto es lo que me pasa con Jaime Humérez Seleme, un ejemplo de periodista, de amigo y persona dedicada a sus deberes, consciente y responsable de su misión de servir a través de las páginas de un diario.
En Presencia fue, por muchos años, Jefe de Redacción y en todo lo que se proponía sabía cómo y cuánto debía hacer, cuánto podía abarcar y cuánto debía exigir de los demás colegas de la Redacción, una Redacción que la hizo homogénea, digna, consciente y responsable de sus deberes. Sabía Jaime “donde aplicar las tuercas humanas” para que funcionen debidamente; exigía a cada redactor y a cada jefe de sección que hagan su trabajo con eficiencia y con el criterio de que no podían ni debían presentar originales que causen dolor de cabeza al corrector de estilo y, en última instancia, a él que sabía cómo responder ante los directores del diario.
Jaime Humerez fue en todo momento maestro y guía, amigo y puntal de quienes trabajaron a sus órdenes; no conocía descanso cuando había que entregarse al logro de una buena información o a la cobertura de un hecho que se sabía era esperado por el público.
Y él, Jaime Humerez, conjuntamente los periodistas Alberto Bailey Gutiérrez y Mariano Baptista decidieron dejar a sus respectivos periódicos y “hacer política” en los cargos encomendados por el nuevo gobierno.
Don Jaime Humérez Seleme, no deseó, al menos de momento, volver a Presencia, pero sí aceptó fundar, junto con Carlos Serrate Reich, el diario “Meridiano” y otro más (diario de la tarde) “Correo”. Asi, en Meridiano mostró toda su capacidad e inteligencia para el manejo de un diario. Posteriormente asumió la dirección del diario Meridiano y, luego el de Co-Director del diario Hoy. Donde estuvo cumplió debida y excelentemente no solamente con las misiones encomendadas sino como amigo y colega. El tiempo, siempre voraz, lo alcanzó con una enfermedad y al cierre de Meridiano cayó muy enfermo, luchó con el mal y batalló, como en una Redacción, con la enfermedad sin arredrarse ni rendirse con los dolores.
Al final, cayó quien fue ejemplo y señor del periodismo; pero, cayó con mucha dignidad aunque dejando a una esposa y a hijas a las que amó entrañablemente. Por supuesto, dejó un legado de dolor en quienes fuimos sus amigos y que lo recordamos como el que fue también gran columnista “Minucio” que escribió preciosas notas periodísticas con estilo y calidad excelentes. Hoy goza de la Bondad de Jesús en el paraíso junto a otros grandes que lo precedieron.
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