Víctor Hugo Soria Morón
La frase pronunciada por Mariano Melgarejo: “confianza ni en mi camisa”, debería ser como norma en el interior de las familias, más cuando se trate de nuestros hijos e hijas menores de edad. Será como mecanismo de protección y prevención de la comisión de delitos en contra de ellos.
De la misma manera, esta misma lógica de no confiar demasiado también debe ser aplicada dentro de los establecimientos escolares, los cuales se convierten en un segundo espacio de relación y desarrollo emotivo y social para los menores de edad.
Desde la aplicación de la Ley 348 “Ley Integral para Garantizar a las Mujeres una Vida Libre de Violencia”, la misma en su artículo 308, referido a la violación de infante, niña, niño o adolescente, establece que la sanción con privación de libertad será de 20 a 25 años, cuando la víctima tenga menos de 14 años.
Pero si el autor de la violación o la comisión de delitos sexuales en contra de la víctima, de acuerdo con el parágrafo (g), estuviera a cargo de la educación de la víctima o se encontrará en dependencia respecto a éste, el delito se convierte en un agravante que permite que la sanción aumente hasta 30 años en contra del agresor.
Solo en el departamento de La Paz hubo 59 denuncias de delitos sexuales, siendo los involucrados en estos hechos profesores de diferentes niveles, que fueron denunciados por abuso sexual, tentativa de violación, violación a niña, niño, o adolescente y hasta por violencia familiar o doméstica, siendo este último delito motivo de 47 denuncias.
Si bien se evita que las víctimas de delitos sexuales, como son los menores de 14 años, puedan ser re-victimizados, los mismos deben recibir tratamientos psicológicos, con la finalidad de evitar secuelas en su desarrollo emocional y mental que generen perjuicios no solo en su conducta, sino sobre todo en cuanto a la aceptación afectiva que ellos deben sentir por sí mismos.
Si bien hasta ahora consideramos a la escuela o el colegio, como el “segundo hogar” donde nos formamos, no olvidemos que también hay riesgos de comisión de delitos en el interior de la familia. Por tal razón el segundo hogar también es un ámbito donde los riesgos son mayores, al aumentar las relaciones y la confianza hacia otras personas, como son los compañeros de aula, profesores y directores de los establecimientos educativos públicos y privados.
Por ello con los hijos e hijas se debe hablar de forma clara y precisa sobre los peligros que los asechan, recordando la frase melgarejista “confianza ni en mi camisa”, como un mecanismo de prevención para evitar que sean víctimas de algún delito sexual.
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