Causa preocupación en la colectividad el hecho de que no se respete siempre la conciencia y la libertad de decisión de quienes vayan a votar en las elecciones de octubre; hay casos en que se impone la concurrencia obligada a actos proselitistas de candidatos, inclusive con amenazas de represalias y adopción de medidas que implican atentado a los derechos humanos.
Para quienes están en la posición de cumplir con su partido político, si cuentan con la inscripción respectiva, querrá decir que esa pertenencia los obliga a actos de proselitismo; pero imponer medidas coercitivas a quienes nada tienen que ver con la política partidista y solo cumplirán con el deber de votar, no corresponde. Sea cual fuere su condición de adherencia o no a un partido, nadie debe ser obligado a contradecir lo que su conciencia le señale y menos ser obligado a cumplir condiciones que van en contra de sus principios.
En política partidista debería primar el respeto a quienes militan y las obligaciones que contraigan los militantes no deberían condicionar conciencias ni conductas que vayan en contra o sean atentatorias, porque se debe entender que un partido político abriga en su seno a quienes tienen convicción y abrazan determinada ideología y si participan en actos proselitistas lo hacen por propia voluntad y sin presión o amenaza.
La elección de autoridades debe ser un acto libre y espontáneo, sin ligaduras ni cadenas morales que impliquen atentado a la conciencia, debe ser acto en que se elige a quienes lo merecen, por sus méritos, capacidad e idoneidad personales. Los partidos políticos deben actuar conforme a lo que sus propios reglamentos establecen y no recurrir a medidas coercitivas para que cumplan sus militantes o quienes ocupan, en un caso, cargos públicos.
Es importante que quienes tercien en el proceso electoral tengan en cuenta que el ciudadano, tenga la posición o el cargo que sea, no siempre votará por quien representa a un partido x o z sino por quien él, el ciudadano, crea conveniente y no por el que ha sido proclamado en concentraciones “masivas o multitudinarias” (como señala la propaganda), porque el voto es secreto, es personal y nadie puede intervenir para saber por quién se está votando. Esta es, pues, la ventaja que tienen quienes habrían contraído compromisos para votar por tal o cual personaje para que sea autoridad.
El voto, fruto de la conciencia ciudadana, es libre y merece respeto, inclusive para que tenga además validez, seriedad y sentimiento democrático que se debe respetar. Es importante, además, que la política partidista tome en cuenta que, si no existe sentimiento de partido, a la población no le agradan las manifestaciones bulliciosas que ocupan muchas veces calles, avenidas y plazas, perjudicando el normal tránsito de personas y vehículos.
Usurpado el 7 de octubre de 1970, por defender EL DIARIO |
Dirección:
Antonio Carrasco Guzmán
Jorge Carrasco Guzmán |
Rodrigo Ticona Espinoza |
"La prensa hace luz en las tinieblas |
Portada de HOY |
Caricatura |