Marcelo Miranda Loayza
El carnaval en Bolivia se lo vive con intensidad, cada región del país tiene su propia forma de celebrarlo y de sentirlo, desde la fiesta de “comadres”, pasando por el “pepino” paceño, hasta el “brincao” cruceño, la fiesta se adueña de las calles generando un movimiento económico nada despreciable.
Dentro de la diversidad cultural existente en nuestro país destaca, sin duda alguna, el Carnaval de Oruro, que al estar ligado a la veneración a la Virgen de la Candelaria (Virgen del Socavón) tiene un carácter devocional. En ese sentido, todos los preparativos que empiezan casi con cinco meses de anticipación giran en torno a la devoción de los danzantes hacia la “Mamita Candila”, obviamente no todos los danzantes peregrinan con su baile con esta intención, muchos lo hacen con el solo afán de bailar y de pasar un buen momento, al final cada quien ve los motivos por los cuales baila en la entrada devocional de Oruro. He sido testigo de que muchos no creyentes terminan creyendo y de que muchos que se dicen creyentes al final terminan bebiendo.
La Fe, si bien se la vive en comunidad, siempre es personal y en muchas ocasiones esa Fe termina iluminando el camino de muchos, es esta la razón última de lo que escribo a continuación.
Con la llegada del carnaval no son pocas las personas que utilizan las redes sociales para “postear” imágenes y frases cortas relacionadas con la Fe hacia la Virgencita del Socavón, esto comienza, sin ánimo de exagerar, casi dos meses antes de la entrada de peregrinación. No dudo de la Fe de las personas que “cuelgan” dichas imágenes en sus respectivas redes sociales, pero a decir verdad sí se me hace tedioso y hasta aburrido ver una y otra vez fotos y vídeos seguidos de textos que en su mayoría terminan con la frase “ya falta poco para llegar hasta tus pies, Virgencita del Socavón”. Quizás esta sea la única forma en que los creyentes expresen su Fe y agradecimiento, al final, como dije, la Fe es personal.
Entre la gran cantidad de “posteos” relacionados con el tema, encontré dos que creo son dignos de mención (de seguro deben existir muchos más), el primero pertenece a una joven mamá, valiente y luchadora, que por azares de la vida le tocó y con mucho orgullo hacerse cargo ella sola de su hijito. Llegar a los pies de la Virgen en esta ocasión no fue para ella solo un acto de Fe, también fue un acto de despedida, pues el papel de mamá es a tiempo completo y no conoce de feriados ni fines de semana. El baile quedará por mucho tiempo como un bonito recuerdo, pero la fe en la mamita del socavón de seguro la llevará más de una vez al año hasta los pies de la Virgencita. Ella escribía en su “muro de Facebook”: “Tu voluntad siempre es buena, agradable y perfecta, despidiendo una maravillosa etapa de mi vida”. Cuando alguien siente la Fe de esta manera, por lo menos en lo que a mí respecta, me devuelve la fe en nuestra maltrecha humanidad.
El padecer de alguna enfermedad, por más leve que sea, siempre cambia la forma y el ritmo de vida. Y es que lo que se hacía en otrora con normalidad, la enfermedad (sea cual sea) hace que lo rutinario se vuelva tedioso y hasta doloroso. En este sentido, me encontré con un “post” que llamó enormemente mi atención: “Madre mía, lo intenté, tú sabes que lo intenté, no lo logré, pero llegué hasta tus pies con la misma Fe y amor que te tengo, gracias, Morenita, por escuchar mis plegarias. Nuevamente te pido, una vez más, Virgencita, renuévame y ayúdame, que pronto ya vuela la calma, te amo con todo mi corazón”. La persona que lo escribió es educadora parvularia, evangelizadora de fines de semana, trabajadora y responsable, una parálisis facial le cambió los planes, no pudo bailar para la Virgen este año. Pero igual llegó “hasta sus pies” no bailando, pero sin con Fe, pues llegar es mucho más importante que bailar, ya que ello implica caerse, levantarse y seguir, ¿acaso no es así la vida misma?
Estos dos testimonios son solo un pequeño ejemplo de que Dios sigue haciendo milagros, esos pequeños milagros que al final terminan haciendo la diferencia. El que tenga oídos que oiga.
El autor es Teólogo y Bloguero.
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