La proliferación de partidos políticos y más que éstos, de agrupaciones ciudadanas, ha llegado al grado de saturación, a lo que se agregan a partir de las próximas subnacionales los pueblos indígenas, pudiendo proponer candidatos propios, inclusive fuera de su jurisdicción, según concesión del actual Tribunal Supremo Electoral (TSE). Las agrupaciones ciudadanas pretenden ofrecer una mayor participación electoral al margen de los partidos políticos. El argumento recurrido es que éstos monopolizan al electorado y que no representan a algunos sectores. En realidad, estos hechos facilitan una especie de explosión política, proclive a una implosión de la democracia.
Como las organizaciones ciudadanas tienen ámbito local, más que departamental, vienen multiplicándose y conducen a la dispersión social. Para instalarse como tales es suficiente presentar al Órgano Electoral una lista y firma de adherentes y abrirse vía libre a elecciones. Esto nos hace ver las casi inmediatas subnacionales, en especial en las ciudades. Estas agrupaciones surgen alrededor de unos pocos ciudadanos y ciudadanas o de amigos, con diversas denominaciones. Sus plataformas electorales (sin referencia a las plataformas de internet) no contienen elementos innovadores para el consumo masivo.
Su finalidad, por lo común, se encamina a arrimarse a las propuestas electoralistas de alguna importancia y poder introducir en las planchas a algunos o alguno de sus miembros, sea como consejero departamental o concejal municipal, según la oportunidad. Por su parte, las candidaturas suponen que la mayor cantidad de siglas impresione a los votantes. Los partidos de mínima militancia buscan arrimar sus siglas a las candidaturas de cierta importancia para sobrevivir en los registros, de suerte de no perder su personería.
Partidos de este tipo deberían ser borrados del registro y de igual manera los que habiendo concurrido a las urnas, no lograron el mínimo que exige la norma, pero condescendientemente conservan su personería. Esta medida contribuiría a una deseable concentración política. Una veintena o más de partidos reconocidos no es otra cosa que dispersión. Este es el motivo de la aparición de decenas de candidatos en las capitales de departamento para gobernador y alcalde. Su obvio aporte es divisionista. De ahí que en Cochabamba y en La Paz los aspirantes alcanzan la docena en la primera y la ciudad del Illimani cuenta con una decena. Ello augura una derrota citadina de las fuerzas contrarias al partido de gobierno, sin que la oposición hubiera asimilado su catastrófico desastre de octubre pasado frente al MAS.
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