Hay conciencia en la nación sobre los inmensos daños que causa la basura; un mal que recorre todo el territorio y causa múltiples problemas a todos los gobiernos y, en grado extremo, a los municipios que, se supone, deben encargarse del problema, disponiendo que la basura no se convierta en latigazos para la población; pero, siempre menudean las explicaciones sobre la carencia de presupuestos o falta de terrenos que sean disponibles para enterrar miles de toneladas diarias. Países que han enfrentado el problema han encontrado el medio para solucionarlo y éste ha consistido en industrializar la basura, previa selección y su conversión sea en material aprovechable para fabricar abonos, cartones, papeles de toda clase y productos de diversa calidad y que bien pueden servir para reemplazar, con creces, al plástico que abunda en todo sitio.
En el país hubo propuestas para instalar siquiera cuatro fábricas para utilizar el bagazo de la caña de azúcar y es materia prima que fue convertida en cartones, papeles y otros materiales; un caso notable es el del Perú que ha sustituido la importación de papel periódico para la impresión de diarios y otras publicaciones, papel para envoltorios y cobertura de muchas necesidades de la población. El material utilizado es el bagazo de la caña de azúcar y muchos productos que son seleccionados de los basurales; pero, como para todo proyecto importante, los posibles inversionistas piden que sea el gobierno boliviano o sus municipios los que inviertan la parte correspondiente al país y la explicación es de siempre: no hay dinero y la solución es utilizar terrenos baldíos para enterrar millones de toneladas, descongestionando basurales existentes en todos los barrios de las ciudades y sitios densamente poblados.
Es innegable que se necesita un importante capital financiero, tecnología y personal especializado; pero, es preciso reconocer que en el país se ha “invertido” grandes cantidades de divisas en proyectos que han fracasado –ejemplos: la planta de Bulo Bulo, Quipus, aeropuerto Chimoré, Papelbol, Cartonbol y muchos otros cuyo detalle demandaría mucho espacio– y ello es de conocimiento del Ministerio de Economía y de los municipios de todas las ciudades de la parte troncal del país. Estudios realizados por expertos señalan que estas industrializaciones de basura, en corto tiempo compensan todo lo invertido con la producción y comercialización de todo lo producido y llega el momento en que la misma industrialización diversifica la instalación de otras compañías dedicadas a tratar la basura, por ejemplo, producción de metano, aparte de diversificar su economía en muchas ramas industriales. Este tipo de operaciones tiene, además, la ventaja de crear empleo, contribuye a formar profesionales y técnicos medios y se cuentan por miles los obreros que encontraron acomodo laboral en las instalaciones.
El gobierno, si quisiera, podría conseguir un préstamo y, en conjunción con el sector privado, construir siquiera una planta que industrialice la basura; tan solo si da este paso durante su gestión, habrá justificado plenamente su manejo del Estado.
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